Donatien-Alphonse-François Marquis SADE (1740 - 1814), novelista y filósofo francés
Carta autógrafa a su suegra, presidenta de Montreuil. (Donjon de Vincennes, 1 de junio de 1778); 1 1/2 pulg.-4° página.
Hermosa carta antes de su traslado a la prisión real de Aix-en-Provence. El juzgado Marqués de Sade confía plenamente en su suegra, quien está a cargo, para el buen desarrollo de su juicio y la
seguridad de su honor: «Es a usted misma, señora, a quien he oído decir mil veces que el más mínimo pronunciamiento de un parlamento marcaría a un hombre para siempre; no me exponga a ello, se lo
ruego, y recuerde que me prometió que mi cabeza y mi honor estarían a salvo; permítame sufrir aquí todo lo que tenga que sufrir (por dura que sea mi posición) para que cuando comparezca pueda ser
absuelto de inmediato, y que no haya cola, se lo pido. Este favor con las más breves peticiones. El parlamento pronunciará, dice un buen hombre, pero no ejecutará nada, y el rey entonces lo retomará
en sus manos. Pero ¿qué me importa la conmutación del rey cuando se pronuncia la deshonra? Ese es siempre el estigma eterno para mí y para mis hijos. Se dirá más adelante: «El parlamento no dijo que
se ejecutara nada, pero pronunció y el rey conmutó». Aquí lo ve claramente. Siempre es una deshonra en nombre de Dios, señora. Tenga mucho cuidado con los consejos que recibe, examine cuidadosamente
si quienes los reciben no tienen motivos para tenderle trampas. Hubo una vez que le dije tales cosas y usted tuvo la amabilidad de no rechazar el consejo. Siempre he temido a Aix; mi padre mismo
tenía enemigos que aún existen. Recuerde las malas palabras pronunciadas por dos consejeros de esta corte que estaban en Apt durante los escándalos que llegaron a mi casa; otros, además de mí, se las
han certificado, según me han dicho. En resumen, señora, no sé qué se ha hecho, pero nunca me perdonaré no haberme ocupado de todo, y percibo que si hay algo que decir, por leve que sea, estoy
perdido. Y en este caso, me atrevo a protestarle que, en cuanto pueda, abandonaré mi patria para siempre, prefiriendo vivir en medio del desierto africano si es necesario, antes que en una provincia
donde habría sido deshonrado dos veces más cruelmente. Queda esta infame forma de viajar. Lo cual veo claramente que no se me escapará y que percibo como algo fulminante. Le ruego que suavice las
circunstancias lo más posible y me conceda la exención de Apt que solicité. Hablé de Marais [el inspector Marais, quien será responsable de llevarlo del calabozo de Vincennes a la prisión real de
Aix]. Estoy de acuerdo, el primer día un poco mareado por todo lo que me acababan de decir y prefiriendo a este a uno que no habría conocido en absoluto. Pero es el hombre más brutal e insolente que
hay en el universo, y siempre he tenido mucho de qué quejarme. Al devolver las cartas de abolición, me trajo de vuelta como un loco, porque dijo que tenía una misión que lo esperaba más lejos, y me
hizo viajar cincuenta leguas sin beber ni comer ni sufrir, así que descansé dos horas en Sens, donde me desplomé de cansancio, malestar y sueño después de pasar seis noches sin dormir. Soy diez años
mayor y estoy muy triste, señora, han pasado dieciséis meses desde que tomé el aire, a menos que fuera a... Muero. Le declaro que me sería imposible resistir por más tiempo tal brutalidad. Por lo
tanto, imploro su compasión, tanto por esta vida como por las dos más importantes que aún se contienen en esta carta y en mi última: ver a mi esposa, y para evitarme cualquier retraso y consecuencias
desagradables en este asunto. En verdad, llevo mucho tiempo sufriendo; sería hora de que, después de un desenlace tan cruel como el que se me prepara, me dieran un respiro. Ya sea que me vaya
voluntariamente o por la fuerza, entiendo, señora, que el señor Bontoux me vea una vez más y que me entregue todos los documentos de este asunto: la retirada de las chicas, la declaración de los
boticarios, el memorando que tuvo la amabilidad de enviarme hace tres años con una copia del procedimiento, la solicitud, etc. Luego, que me indique al menos a qué abogado debo contactar allí a mi
llegada. No puedo expresarle, señora, cuánto me tranquilizaría una palabra suya. Por lo tanto, le ruego que escriba una respuesta a mis dos cartas (…)"
Entre las muchas escapadas del Marqués de Sade, el llamado caso Marsella resultaría fatal. El escándalo estalló en junio de 1772. Sade y su ayuda de cámara organizaron una "velada de Citera" en casa
de la anfitriona Mariette Borely, acompañados de cinco jóvenes. Ofreció a sus compañeras pastillas de cantárida para animar la orgía. Desafortunadamente, dos jóvenes creyeron haber sido envenenadas,
mientras que las demás estaban enfermas. El rumor se extendió. No solo las pastillas afrodisíacas fueron presentadas por la opinión pública como veneno, sino que la participación activa del ayuda de
cámara justificó la acusación de sodomía, castigada con la hoguera. Sade y su ayuda de cámara huyeron a Italia con su joven cuñada, Anne-Prospère de Launay. Fueron juzgados en ausencia por el
tribunal de Aix-en-Provence. El 12 de septiembre, se llevaron a cabo en Aix los simulacros de ejecución de los dos hombres, con maniquíes de tamaño natural torturados y luego arrojados a la hoguera.
La marquesa de Montreuil empleó entonces todos los medios posibles para obtener la anulación de la sentencia de Aix y limpiar el honor de su familia. Aprovechó un error de su yerno, quien había
regresado a París, para arrestarlo el 13 de febrero de 1777. Fue encarcelado en el calabozo de Vincennes. Madame de Montreuil obtuvo del rey el traslado del marqués a la corte de Aix-en-Provence para
ser juzgado de nuevo. El juicio de casación duró solo tres semanas. Todo estaba resuelto de antemano. El tribunal solo consideró los hechos de «libertinaje y libertinaje atroz» y condenó al marqués a
una limosna de 50 libras, tres años de prohibición de residir en Marsella y una amonestación para que «muestre mayor decencia en su conducta en el futuro». Fue escoltado de vuelta al calabozo de
Vincennes, pero logró escapar en el camino, regresando a su castillo de Lacoste. Su fuga duró solo cuarenta días antes de ser recapturado y encarcelado durante muchos años en Vincennes y luego en la
Bastilla. No fue liberado temporalmente hasta el 2 de abril de 1790.
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Donatien-Alphonse-François marquis SADE (1740 - 1814), romancier et philosophe français
Lettre autographe à sa belle-mère la présidente de Montreuil. (Donjon de Vincennes, 1er juin 1778) ; 1 page ½ in-4°.
Belle lettre avant son transfert à la prison royale d'Aix-en-Provence. Le marquis de Sade éprouvé, s'en remet entièrement à sa belle-mère qui est à la manœuvre, pour le bon déroulé de son procès et
que son honneur soit sauf : « C est a vous-même, Madame, que j'ai entendu dire mil fois, que le plus petit prononcé quelconque d'un parlement fletrisoit un homme a jamais ; ne m'y exposez donc pas je
vous en conjure et songez que vous m'avez promis que ma tete et mon honneur serait en sureté ; qu'on me fasse souffrir ici tout ce que j'ai a souffrir (quelque dure que soit ma position) afin qu'en
paraissant là bas je puisse etre lavé tout de suite, et qu'il n'y ait aucune queue, je vous demande. Cette grace avec les plus brèves instances. Le parlement prononcera dit un bonhomme mais il ne
faira rien exécuter, et le roi alors reprendra dans sa main. Mais que m'importe la commutation du roi quand le deshoneur sera prononcé. Voilà toujours la flétrisure éternelle et pour moi et pour mes
enfants. On dira dans la suite « le parlement ne dit rien executer mais il prononça et le roi commua ». Vous voyez bien que voilà toujours le deshoneur au nom de dieu madame prenez bien garde aux
conseils qu'on vous donne examinez bien si ceux de qui vous les recevez n'ont aucune raison pour vous tendre des pièges, il était jadis un temps ou quand je vous disais de pareilles choses vous aviez
la bonté de ne pas rejetter les avis. J'ai toujours craint Aix mon père même avait des ennemis qui existent encor, rappeler vous les mauvais propos tenus par deux conseillers de cette cour qui se
trouvaient à Apt lors des esclandres que l'on venait faire chez moi, d'autres que moi vous les ont m'a-t-on dit certifiés. En un mot Madame j'ignore ce qui a été fait mais je ne me pardonnerai jamais
qu'on ait pas parer a tout et je perçois a dire que s'il y a à prononcé quelque doux qu'il soit je suis perdu. Et dans ce cas j'ose vous protester que dès que je le pourrai, je quitterai pour jamais
ma patrie aimant mieux vivre au milieu du desert de l'Afrique s'il le faut que dans une province ou l'on m'aurait par deux fois aussi cruellement deshonoré. Reste, cette manière infame de voyager que
je vois bien qui ne m'échapera pas et que je perçois a trouver fletrisante. Je vous supplie d'en adoucir les circonstances autant que faire se pourra et de me faire donner l'exempt d'Apt que j'ai
demandé. Je parlai de Marais [l'inspecteur Marais qui sera chargé de le conduire du donjon de Vincennes à la prison royale d'Aix] j'en conviens, le premier jour un peu etourdi de tout ce qu'on venait
de m'apprendre et preferant celui la a un que je n'aurais point du tout connu. Mais c'est l'homme le plus brutal et le plus insolent qu'il y ait dans l'univers, et j'ai toujours eu fort a me plaindre
de lui. Dans le retour des lettres d'abolition il me ramena comme un fou, parce qu'il avait disait il une commission qui l'attendait plus loin, et il me fit faire 50 lieues sans boire ni manger ni
souffrir que je me reposa deux heures à Sens ou je tombais de lassitude de malaise et de sommeil venant de passer 6 nuits blanches. J'ai dix ans de plus et beaucoup de chagrin Madame, il y 16 mois
que je n'ai pas pris l'air a moins que de me crever. Je vous declare qu'il me serait impossible de resister encor a de telles brutalites . J'implore donc votre commisseration, et sur cette vie et sur
les deux plus importants encor contenu dans cette lettre ci et dans ma derniere, voit ma femme, et m'eviter toute queue et suite facheuse a cette affaire, en vérité il y a assez longtemps que je
souffre il serait bien temps apres un aussi cruel denouement que celui qu'on me prepare, de me donner un peu de relache. Que je pars de gré ou de force je compris, Madame, de me faire voir encore une
fois M Bontoux et de me faire remettre tous les papiers de cette affaire. Le désistement des filles, la deposition des apoticaires, le mémoire que vous eutes la bonte de m'envoyer il y a trois ans
avec copie de la procedure, et la requete &c. Ensuite de me faire dire au moins a quel avocat il faudra que je m'adresse la bas en y arrivant. Je ne saurais vous exprimer Madame combien un mot de
vous me calmerait. Je vous supplie donc de faire un mot de reponse a mes deux lettres (…) »
Parmi les nombreuses frasques du Marquis de Sade, celle dite de l'affaire de Marseille lui sera fatale. Le scandale éclate en juin 1772. Sade organise avec son valet une « soirée de Cythère » chez
l'hôtesse Mariette Borely en compagnie de cinq jeunes filles. Il propose à ses partenaires des pastilles à la cantharide afin de pimenter leur orgie. Malheureusement, deux filles se croient
empoisonnées, les autres sont malades. La rumeur enfle. Non seulement les pastilles aphrodisiaques sont présentées dans l'opinion comme un poison mais la participation active du valet justifie
l'accusation de sodomie, punie du bûcher. Sade et son valet prennent la fuite en Italie avec sa jeune belle-sœur Anne-Prospère de Launay. Ils sont jugés par le tribunal d'Aix-en-Provence par
contumace. Le 12 septembre se déroule à Aix les exécutions en simulacre des deux hommes avec des mannequins grandeurs natures torturés puis jetés au feu. La marquise de Montreuil va alors s'employer
par tous les moyens à obtenir la cassation de l'arrêt d'Aix pour laver l'honneur de sa famille. Elle profite d'une erreur de son gendre, revenu à Paris, pour le faire arrêter le 13 février 1777. Il
est incarcéré au donjon de Vincennes. Madame de Montreuil obtient du roi le transfert du marquis au tribunal d'Aix-en-Provence pour y être à nouveau jugé. Le procès en cassation ne dure que trois
semaines. Tout est réglé d'avance. La cour ne retient que les faits de « débauche et libertinage outré » et condamne le marquis à une aumône de 50 livres, une interdiction de trois ans de résidence à
Marseille et une admonestation « de mettre à l'avenir plus de décence dans sa conduite ». Il se fait raccompagner au donjon de Vincennes mais réussi à s'échapper en cours de route, pour regagner son
château de Lacoste. Sa cavale ne dure que quarante jours avant d'être repris puis incarcéré pour de longues années à Vincennes puis à la Bastille. Il ne retrouvera une liberté temporaire que le 2
avril 1790.
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